La importancia de los pronombres

Antes que te desconectes, no, no es una clase de Lenguaje al cien por ciento, aunque no estaría mal que repasáramos los pronombres. En resumen, los pronombres son palabras que remplazan al sustantivo en una oración. Si en un primer enunciado mencionas que Felipe compró un auto, en una segunda intervención podrías decir que «él» ahorró dinero todo un año para adquirirlo, en lugar de repetir el nombre.

Hoy hablaremos específicamente de los pronombres personales y posesivos. (También hay pronombres demostrativos, interrogativos, exclamativos, relativos, indefinidos y numerales). Los pronombres personales sirven para referirse a la persona que está hablando, escuchando o formando parte del tema. Son: Yo, nosotros, tú, ustedes, ella, él, ellas, ellos. Los pronombres posesivos nos expresan que algo pertenece al sustantivo: mío, mía, tuyo, tuya, suyo, suya, y todos sus plurales. 

¿Y por qué son tan importantes? No sólo porque hacen el lenguaje más fluido, sino porque pueden mostrar dónde está nuestro corazón. ¿A qué nos referimos?

Se cuenta que la madre de Winston Churchill cenó con dos primeros ministros una noche tras otra. Cuando le preguntaron sus impresiones, dijo: «Cuando salí de casa de Gladstone, pensé que había cenado con el hombre más inteligente de Inglaterra. Pero cuando salí de casa de Disraelí, salí pensando que yo era la más inteligente». 

Disraelí solía decir: «Habla a la gente de ellos mismos y te escucharán durante horas». 

Digamos que existen tres tipos de personas en el mundo, y toda gira alrededor de los pronombres.

El primer grupo está formado por los de la primera persona, principalmente en el uso singular. Como Gladstone, cuando estás con ellos concluyes que son los más sabios, los más espirituales y los más cultos del lugar. Son los que aman el «yo» y el «mío» y cuando entran a una habitación se anuncian, con o sin palabras: Aquí estoy. Se les considera ser: takers, en otras palabras, oportunistas o egocéntricos. 

Analiza tus conversaciones. Cuando llegas a una fiesta, ¿dominas la conversación? ¿Cuentas tus anécdotas tanto que ya muchos las pueden repetir de memoria? ¿Te ocultas en tus logros porque te sientes inseguro? Para no perder autoridad en tu escuela, grupo, familia, ¿sueles usar el nosotros contra ellos al hablar de las cosas que desapruebas como otros grupos ideológicos, políticos y sociales?

El segundo grupo está formado por los de la tercera persona. Son los que aman el «él» y el «ella» y cuando entran a una habitación preguntan, con o sin palabras: ¿Quién vino? Para ellos los demás son la fuente de su aprobación. De sus labios escucharás los récords y logros de deportistas famosos, o los chismes más jugosos de la realeza o el mundo del espectáculo. Tristemente, también te enterarás de los pormenores de la gente a tu alrededor, sobre todo los asuntos más dolorosos o indecorosos. 

Analiza tus conversaciones. ¿Tus buenos momentos con amigos se basan en hablar de personas que no están ahí presentes? ¿Sigues y te enteras de lo que otros (principalmente famosos) hacen o dicen para tener algo de qué hablar con los demás? ¿Te sientes bien solamente cuando el grupo que admiras te hace caso?

El tercer grupo está formado por los de la segunda persona, principalmente en el uso singular y de la primera persona del plural. Como Disraelí, cuando estás con ellos quizá concluyes que sabes más de lo que suponías. Son los que aman el «tú» y el «nosotros» y cuando entran a una habitación declaran, con o sin palabras: Aquí estás. Por lo tanto, te hacen sentir especial. Son givers, es decir, altruistas y generosos, no sólo con sus posesiones, sino con sus palabras y su atención. 

Analiza tus conversaciones, pero mucho más tu poder de escucha. ¿Te interesa lo que otros tienen que decir? ¿Prefieres ver lo que otros comparten contigo, en lugar de aquello que los hace diferentes? El presidente Truman dijo: «Es increíble lo que puedes lograr cuando no te importa quién se lleva el crédito». ¿Vives bajo esa premisa?

Como profesores y padres, solemos movernos de un grupo a otro, pero probablemente nos domina un pronombre. 

Seguramente soñamos con un mundo con más personas del tercer grupo, pues en tu salón de clases has visto a los niños que sólo piensan en sí mismos y están los que se pasan el día reportando lo que hacen los demás.

Sin embargo, para crear una cultura sana debemos comenzar con nosotros mismos. ¿Qué tipo de líder eres? 

 

  1. ¿Una persona sólo-yo-cuento, donde te gusta llevarte los aplausos y culpar cuando algo no sale bien?
  2. ¿Una persona ellos-son-mejores, que sólo mira los éxitos de los demás y lamenta su suerte? 
  3. ¿Una persona tú-eres-importante y nosotros-somos-equipo, que da el crédito a los demás y acepta la culpa de sus errores?

 

En términos bíblicos había dos tipos de hombres, los que como Nabucodonosor edificaban monumentos o estatuas de sí mismos, o los que erigían altares a Dios. ¿Cómo edificar altares y no estatuas? Renunciando al «yo» y al «ellos», y abrazando el «tú» y el «nosotros».

Que cuando llegues al salón de clases tus alumnos no oigan: Aquí estoy, sino: ¡Aquí estás!; que cuando hables de situaciones delicadas no hables de «ellos» como un grupo ajeno y despreciable, sino que puedas encontrar la humanidad que compartimos y utilices el «nosotros», pues todos necesitamos redención, y que, a tu paso por las aulas, tu hogar y tu esfera de influencia no dejes estatuas o monumentos personales sino un rastro de altares que edificaste para darle la gloria a Dios.

Haz un inventario hoy del uso de pronombres en tus pensamientos y palabras. Deja que revelen tu corazón, para que así puedas hacer algo al respecto.

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