Formando adultos funcionales

¿Alguna vez has conocido a alguien muy irresponsable en sus tareas, con falta de disciplina, autocontrol y habilidades emocionales, incapaz de lidiar con la autoridad y siempre en conflicto con quienes le rodean?

Estas personas tienen el potencial de convertirse en adultos disfuncionales.

Un adulto disfuncional se caracteriza por enfrentar dificultades significativas en su vida diaria y en su capacidad para funcionar efectivamente en varias áreas, como relaciones interpersonales, trabajo, educación, salud y bienestar emocional.

Algunas de las características comunes de un adulto disfuncional incluyen adicciones, dificultades para mantener un empleo estable, problemas graves de inteligencia emocional y salud mental, problemas en las relaciones interpersonales, aislamiento social, dificultades financieras, descuido en la higiene personal, comportamientos autodestructivos y una tendencia a culpar a otros por sus problemas.

Es probable que en algún momento de tu vida te hayas topado con una persona que exhibe algunas de estas características.

Lo importante a recordar es que estas personas no son culpables de ser así. En gran medida, son el resultado de la crianza que recibieron durante su infancia: una crianza marcada por dificultades, padres ausentes, falta de atención y amor, entre otros factores.

Los psicólogos coinciden en que muchas de las heridas que llevamos como adultos se originaron en nuestra niñez. A esto se le conoce como «heridas de la infancia». Estas heridas son, en gran parte, los desencadenantes de los comportamientos y decisiones que tomamos como adultos, lo que incluye nuestra capacidad para ser adultos funcionales.

Esto resalta la importancia de comprender la gran responsabilidad que tenemos como padres al criar a nuestros hijos. Debemos tener en cuenta que no estamos criando niños, sino adultos en formación.

Emily Kaplan dijo una vez: «Los niños son exactamente como nosotros, sólo que más pequeños y lindos, y están trabajando a través de procesos de desarrollo (cognitivo, emocional y social) que determinarán quiénes son hoy y quiénes serán en el futuro». Si descuidamos o brindamos una crianza mediocre a nuestros hijos, estamos contribuyendo a la creación de adultos disfuncionales que impactarán negativamente en la sociedad.

Como director de varias empresas, he tenido la oportunidad de entrevistar a numerosas personas para puestos de trabajo. Durante mis entrevistas, me interesa profundizar en la infancia de los candidatos, ya que esto me permite comprender los desafíos que enfrentaré al trabajar con ellos y cómo puedo ayudarles a superar las heridas de su infancia que pueden estar contribuyendo a su inestabilidad emocional.

Permíteme compartir un ejemplo. Conocí a un talentoso financiero que tenía una adicción a los deportes. Su adicción iba más allá de lo común; esperaba ansiosamente los fines de semana para pasar horas frente al televisor, se desvelaba durante la semana para ver partidos de la NBA y la NFL, y esta adicción resultó en cansancio crónico, falta de concentración en el trabajo y una adicción al juego. Durante la entrevista, compartió que siempre tuvo una relación difícil con su padre. Siendo el menor de cuatro hermanos, nunca recibió la atención de su padre, quien siempre estaba ocupado. Además, su padre solía compararlo con sus otros hermanos y llegó a decirle que nunca sería bueno en nada.

A medida que profundicé en su historia, descubrí algo asombroso. Cuando era un niño, se sentía más cercano a su padre cuando miraban deportes juntos. Esos momentos frente al televisor, animando al mismo equipo, eran los únicos en los que se sentía conectado a él. Eran los únicos momentos en los que reían y se divertían juntos, y cuando él sentía algún tipo de amor de su padre hacia él. Sin darse cuenta, desarrolló una lógica en su mente: al ver deportes, se sentía completo, como cuando era niño y estaba con su padre. ¿Ves la conexión?

Este es un ejemplo extremo, pero muestra cómo los padres pueden, sin saberlo, causar daño a sus hijos debido a la falta de atención o amor. La Biblia nos enseña en Malaquías 4:6 que Dios restaurará el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa. Si deseamos que nuestros hijos se conviertan en adultos funcionales, lo primero que debemos hacer es buscar a Dios, ya que sólo Él puede cambiar nuestros corazones en favor de nuestros hijos.

Recuerdo una vez haber escuchado a Enrique Bremer decir que los abuelos son tan cariñosos con sus nietos porque se arrepienten de los errores que cometieron como padres. ¡No esperes a ser abuelo! Comienza hoy a orar para que Dios vuelva tu corazón hacia tus hijos.

Jesús afirmó en Lucas 12:34 que donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón. Como adultos, acumulamos muchas posesiones materiales y a menudo damos prioridad al trabajo por encima de pasar tiempo con nuestros hijos. El resultado es la crianza de adultos disfuncionales. ¿Cuánto tiempo pasas conversando con tus hijos en comparación con el tiempo que pasas viendo televisión o revisando las redes sociales?

Estamos viviendo una época complicada en las escuelas, donde muchos padres esperan que la escuela haga el trabajo que ellos mismos no hacen. Lo peor es que, si los resultados no cumplen sus expectativas, culpan a la escuela, cuando en realidad el fracaso recae en ellos, no en los maestros. Nunca antes habíamos tenido una generación tan grande de «huérfanos con padres vivos», donde los padres trabajan incansablemente para sus hijos pero no están presentes emocionalmente para ellos. En última instancia, tu hijo no recordará cuánto ganabas, tus éxitos empresariales o la marca de tu coche. Lo que recordará es si estuviste o no a su lado.

La psicología reconoce la importancia de una buena relación entre padres e hijos para un desarrollo emocional adecuado, lo que les permitirá convertirse en adultos funcionales. Los padres son responsables de desarrollar la identidad de género de sus hijos, fomentar habilidades socioafectivas, fortalecer la autoestima, generar confianza, enseñar resolución de conflictos e inculcar valores trascendentales como la perseverancia, responsabilidad y amor, así como fomentar la independencia y la disciplina.

Los padres desempeñan un papel crucial en la sociedad, por lo que es fundamental preguntarnos por dónde podemos comenzar para criar adultos funcionales.

Como mencioné antes, lo primero que necesitamos es buscar a Dios, ya que sólo Él puede proporcionarnos la sabiduría y el amor necesarios para criar a nuestros hijos. Él nos rodeará con su gracia cuando cometamos errores como padres y protegerá el corazón de nuestros hijos.

En segundo lugar, debemos ser intencionales en nuestra disponibilidad para nuestros hijos. Esto implica apartar los teléfonos móviles, el trabajo y otras ocupaciones para pasar tiempo de calidad con ellos, mostrando un interés genuino por lo que les importa. Recuerda que eres la primera figura de autoridad que experimentarán en sus vidas. Si eres un padre de autoridad y amor, esa será la imagen que también desarrollarán de Dios, ya que antes de conocer a Dios, te verán a ti reflejándolo.

Esto nos lleva al tercer punto. Debemos ser padres de autoridad para nuestros hijos. La Universidad de Berkeley en California realizó un estudio que demostró que la autoridad de los adultos es vital para el desarrollo moral de los niños y adolescentes, siempre y cuando se ejerza de manera adecuada. Los resultados del estudio revelaron que existen tres tipos de padres: autoritarios, permisivos y con autoridad. Los padres con autoridad combinan su influencia con seguridad, argumentos racionales, imparcialidad, amor y ejemplo. El estudio encontró que los niños más seguros y responsables en el ámbito social tenían padres con autoridad, lo que los hacía más seguros, perseverantes y menos propensos al consumo de drogas.

Finalmente, conviértete en un ejemplo para tus hijos. El mejor ejemplo que puedes ofrecer es que te vean como un ferviente seguidor de Jesús, siguiendo los consejos de la Palabra de Dios en todo lo que haces. Diversos estudios han demostrado que los niños, al convertirse en adultos, pueden dejar de creer en Dios o dejar de seguir a Jesús simplemente porque nunca vieron coherencia entre lo que sus padres proclamaban públicamente y cómo actuaban en privado.

Todo esto puede parecer un desafío, pero con la ayuda de Dios y el poder de Su Espíritu obrando en nosotros, lo lograremos. 

Recuerda el primer punto: necesitamos a Dios. La Biblia nos enseña que es Él quien pone el deseo y la capacidad para hacer lo que es correcto. Formar adultos funcionales no es algo que pueda lograrse sólo con esfuerzo y disciplina; es el fruto de vivir una vida cerca de Dios. A pesar de los errores que cometemos, Su gracia nos guiará en el proceso de sanar el corazón de nuestros hijos y nos equipará para ser cada vez más como Él, buenos padres.

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