Los maestros que marcaron mi vida

Por motivo del Día del Maestro, decidí sentarme a recordar y hacer un listado de aquellos maestros que impactaron positivamente mi vida, desde preescolar hasta posgrado. Me siento privilegiada de poder decir que los conté con ambas palmas de mis manos. Aunque mi experiencia con muchos de ellos fue hace muchísimo tiempo, el recordar las cosas que me enseñaron me hace sonreír, e incluso trae lágrimas a mis ojos.

Obviamente, estos maestros tenían un gran conocimiento de la materia o tema que impartían, lo cual es de suma importancia. Sin embargo, su vocación y su amor por sus alumnos fue lo que los destacó de entre los muchos maestros que he tenido. El darme cuenta del impacto que tuvieron en mí me hace pensar en cómo hubiera sido mi vida de no haber sido su alumna.

Al recordarlos, me puse a pensar en qué era lo que esos maestros, de diferentes edades, géneros, generaciones, países de origen, culturas, estilos de vida y especialidades tenían en común además de su profesión. Resultó que en general, eran personas que iban más allá de sólo enseñar los hechos o cubrir el material que debía cubrirse en el período escolar. Estas personas veían a sus alumnos como seres humanos completos y complejos, no sólo como alguien que ocupaba una banca o como una calificación. Sus vidas les importaban.

Empezando en secundaria, a quien más recuerdo es a mi profesor de Matemáticas de primer grado. Cabe mencionar que yo soy malísima para las matemáticas, pero él jamás me hizo sentir mal por eso. Fue paciente y comprensivo desde el primer día. Jamás lo vi desesperarse, aunque estoy segura que tenía motivos para hacerlo. Además, él abrió un espacio para que pudiéramos platicar con él de nuestros problemas y preocupaciones, y yo lo aproveché. Tal vez mi problema parecería diminuto en un mundo de adultos, pero él jamás lo hizo sentir así. Así que la primera cosa que veo en estos maestros que recuerdo con cariño es que son empáticos y fomentan un lugar seguro en su clase

Después, brinqué en mi memoria a la universidad, donde tuve la fortuna de ser alumna de un grupo de maestros increíble, pero entre ellos, destacó mi profesor de poesía. Aunque quizá él no era muy expresivo, sus notas en mis trabajos o pequeños comentarios que hacía en clase hacia mi trabajo me hicieron empezar a creer en mí misma y en mi potencial. Al paso de los años, él me llevó a soñar con cosas inimaginables, me hizo pensar que era capaz de hacer lo que yo me propusiera, y me empujaba a seguir intentando y a seguir creciendo, incluso años después de graduarme. El segundo punto que tienen en común entonces es que realmente creen en sus alumnos, los motivan y guían para lograr sus metas.

Otras maestras de la universidad que formaron mi futuro eran conocidas por ser estrictas; sus clases tenían fama de difíciles. La palabra «estricto» viene con una connotación negativa, el de una persona que es difícil sólo por serlo. Más bien, yo diría que ellas fomentaban la disciplina y la excelencia porque sabían que nos beneficiaría. Fuera de lo «estrictas» que pudieran parecerles a muchos, eran personas que querían enseñarte más allá del texto y que se alegraban contigo cuando lograbas comprender, a tal punto que llegabas a apreciar e interesarte por temas que jamás pensaste. Estas maestras, como los demás en mi lista, eran apasionadas por su materia y por lograr un aprendizaje significativo e integral.

En cuanto a los últimos dos maestros que vinieron a mi mente, yo no fui su alumna sino su colega y amiga, y observar su labor y compromiso con su vocación impactó de igual manera mi vida. En ellos podía observar su preocupación por sus alumnos. A ellos realmente les importaba que entendieran lo que estaban aprendiendo, desde cómo conjugar un verbo en inglés hasta cómo desenvolverse en el mundo laboral. Y esta preocupación los llevaba a la creatividad. Siempre se encontraban pensando en maneras de conectar con sus alumnos, de hacer la información presentada relevante a sus vidas y de motivarlos a no darse por vencidos. Conocían a sus alumnos muy bien, sabían sus fortalezas, sus dudas, sus intereses; todas estas eran armas que ellos estaban dispuestos a usar para lograr el éxito. Estoy segura que les tomó muchas horas de trabajo y sacrificios, pero estaban dispuestos a hacerlos si al final del día veían a sus alumnos triunfar. Esos maestros son observadores, creativos e intencionales.

Sé que muy probablemente pienses que invertir tiempo extra, desarrollar alguna actividad de manera diferente, dar un discurso motivacional, crear un juego, tener una conversación donde la persona sea escuchada, te parezcan acciones muy cotidianas, e incluso irrelevantes. Sin embargo, su efecto puede quedarse en la memoria de una persona para siempre. Es difícil creer que estas pequeñas cosas que haces en tu día a día significarán algo en la vida de tus alumnos. Pero piénsalo, todos tuvimos a un maestro que nos cambió la vida de manera extraordinaria haciendo cosas ordinarias. 

Así como esos maestros que menciono en este artículo, sé que estás poniendo tu corazón en todo lo que haces, y tú también estás impactando el futuro de muchas vidas. ¡Gracias por tu hermosa labor!

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