La importancia de la formación de nuestros hijos

La instrucción fue clara: el rey quería jóvenes en quienes no hubiera defecto alguno, de buen parecer y enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia, de buen entendimiento y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio. Además, estos muchachos debían aprender la escritura y lengua de los caldeos. 

Me pregunto cómo fue el scouting y el método de evaluación del jefe de los oficiales de Nabucodonosor para elegir a aquellos dignos de servir en el palacio. Apenas no podía tomarse a la ligera este encargo tan importante. ¿Cómo fue que decidió elegir a Daniel y a sus amigos? ¿Qué vio en ellos? ¿Cómo se dio cuenta que estos muchachos tenían las cualidades que se estaban buscando? 

Nuestra visión educativa se fundamenta en la historia de este profeta, aunque no hay muchos antecedentes de su vida antes de ser llevado al palacio. Se cree que tenía entre dieciséis y diecisiete años cuando esto sucedió, lo que me lleva a pensar que recibió fundamentos sólidos en casa. Daniel estuvo sujeto a tentaciones severas, sin embargo, se mantuvo fiel a la instrucción que recibió desde la infancia de ser un hombre temeroso del Señor.

Vivió por lo menos ochenta años. Así que podemos deducir que el 20%, que fueron diecisiete años (principio de Pareto), fue suficiente para construir su carácter, fe y convicción para enfrentar todo tipo de situaciones adversas y sentarse en el lugar de honor que Dios tenía para él: ser uno de los grandes profetas y gobernador de toda la provincia de Babilonia. 

La inversión que hicieron los padres en las vidas de estos jóvenes los puso en el palacio y en un puesto de honor. Sus progenitores moldearon el carácter de estos muchachos, les enseñaron el valor del servicio y las buenas costumbres. Ellos estaban preparados y persuadidos de no doblar su rodilla ante la gran Babilonia, así lo demostraron en el entrenamiento que tuvieron por tres años para servir al rey, pues no estuvieron dispuestos a contaminarse con alimentos impuros que habían sido sacrificados a los ídolos. Al final del entrenamiento, el propio rey analizó a todos los participantes y descubrió que Daniel y sus tres amigos eran diez veces más sabios que sus compañeros. 

Los padres de Daniel probablemente no imaginaron el escenario de la vida de su hijo: guerra, exilio, presión. Sin embargo, sabían que lo que sembraran en su hijo daría fruto algún día. Y por eso, hicieron bien su labor. 

Hoy estamos inmersos en una gran Babilonia y considero que sólo con educación integral seremos libres del cautiverio. Como los padres de Daniel, no sabemos qué va a suceder mañana en cuestiones de política y gobierno. Sólo tenemos delante de nosotros a nuestros hijos, con talentos, capacidades y sueños. ¿Nuestra labor? Darles las herramientas, mediante la educación, para que cuando dejen nuestro cuidado, vivan Romanos 12:2 NVI que dice: «No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta». 

Daniel y sus amigos nos muestran la importancia de la formación en los primeros años y qué tan lejos podemos llegar con la ayuda de Dios. Así que ¡no te rindas! Tú estás formando a un futuro Daniel.

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